22/10/2024
En la esquina de Callao y Lavalle, este café y bar notable ha sido testigo de la vida de la ciudad, atrayendo a generaciones de porteños y turistas por igual con su coctelería, su hora del vermú y sus platos clásicos con un toque moderno.
El origen de Los Galgos se remonta a los años finales del siglo XIX, cuando en 1879 la familia Lezama estableció un pequeño espacio en esa misma esquina. No fue hasta 1930 que el lugar tomó la forma que lo haría famoso, bajo la dirección de un inmigrante asturiano. Buenos Aires ya estaba en plena transformación, y el bar se convirtió en un punto de encuentro para aquellos que buscaban buena comida, conversación y un lugar acogedor en una ciudad que empezaba a crecer a pasos agigantados.
A lo largo de los años, el bar fue evolucionando, pero siempre manteniendo su esencia. En la década de 1940, en pleno auge del tango, figuras legendarias como Discépolo, Troilo y Pugliese pasaban por sus mesas. Fue la familia Ramos, que tomó las riendas en 1948, quien consolidó su estatus de bar notable, y lo convirtió en un clásico de la vida nocturna porteña.
Después de varias décadas de éxito, Los Galgos cerró sus puertas, dejando un vacío en el paisaje de cafés históricos de la ciudad. Sin embargo, en 2015, Julián Díaz y Flor Capella, dos emprendedores ya conocidos por su trabajo en el bar 878, decidieron devolverle la vida a este ícono porteño. Con una restauración cuidadosa y respetuosa, revivieron la esencia del lugar sin sacrificar el confort y el toque moderno que demanda la gastronomía actual.
Los detalles originales, como los galgos de porcelana y el grifo de bronce con forma de cisne, fueron conservados, aportando ese encanto nostálgico que tanto atrae a quienes buscan revivir un pedazo de la Buenos Aires de antaño. Pero el alma del lugar no solo está en la decoración, sino en la propuesta gastronómica y en su barra, que ofrece una excelente coctelería de autor.
La cocina de Los Galgos es un reflejo de lo mejor de la tradición porteña. Entre los imperdibles del menú están los buñuelos de espinaca, un clásico que siempre sorprende con su sabor casero. También destaca el revuelto gramajo, la tortilla de papas y un hígado con cebolla que sigue conquistando paladares.
Pero lo que realmente distingue a Los Galgos es su capacidad para combinar lo clásico con lo contemporáneo. Cada plato tiene un toque especial, una vuelta de tuerca que lo hace único sin perder su esencia. Además, la oferta de coctelería de autor, con cócteles que se alinean perfectamente con la estética del bar, es un verdadero deleite para quienes disfrutan de los tragos bien hechos.
Aunque Los Galgos abre sus puertas durante todo el día, hay un momento que se destaca: la hora del vermú. Al caer la noche, el bar cobra vida con su ambiente cálido y relajado, ideal para disfrutar de un vermouth de la casa o un cóctel frente al imponente espejo, como lo hacían los porteños en décadas pasadas. Muchos se acercan también por los sándwiches, el tradicional tostado de jamón y queso, o simplemente por un café con leche y medialunas, perfectos para cualquier momento del día.
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